Un anciano sin hogar se conmueve cuando extraños construyen su casa con un contenedor de transporte

Un anciano sin hogar se conmueve cuando extraños construyen su casa con un contenedor de transporte

Es el tipo de mala suerte que no le desearías ni a tu peor enemigo. Ninguna persona al final de su vida se merece vivir solitario, pasar frío, batallando por encontrar comida en un vecindario peligroso. Tristemente, esta es exactamente la situación en la que un viejo hombre en Bucarest, Rumania, se encontraba.

Ion Negrila se encontraba sin hogar viviendo prácticamente al margen de la sociedad. Se había establecido bajo una vieja estructura abandonada. El lugar no tenía agua potable, drenaje, electricidad ni forma alguna en que el anciano pudiera protegerse por sí mismo.

Su refugio carecía de puertas y el área en el que se encontraba comúnmente era frecuentada por consumidores de drogas. Él decía que temía por su seguridad. Para colmo, no tenía ventanas. Los inviernos en Bucarest son crueles, cuando la temperatura suele descender a menos 20 grados centígrados.

Sin protección contra el clima, una noche de invierno normal podría haberlo helado y ocasionarle la muerte

(Facebook/ Laurențiu Croială)

Cuando un grupo de buenas personas se enteró de las condiciones en las que vivía el anciano, entraron en acción. Crearon un grupo de Facebook y se propusieron la meta de recabar 1,000 euros (alrededor de $1,160 dólares estadounidenses) para ayudar al viejo hombre.

La estructura bajo la cual estaba viviendo no podía ser reparada. Los muros tenían grandes grietas y huecos y estaban pendiendo de un hilo. Si realmente se disponían a ayudarlo, tendrían que encontrarle algo nuevo dónde vivir.

Con el uso de las redes sociales, y apoyándose en algunos favores, pudieron conseguir de manera gratuita un contenedor de carga. El contenedor en sí mismo no se encontraba en óptimas condiciones. Tenía partes oxidadas y necesitaba ser pintado. Pero gracias a los esfuerzos voluntarios de calificados obreros, lo convirtieron en un espacio habitable.

El contenedor donado fue transformado en la nueva casa del Sr. Negrila

(Facebook/ Laurențiu Croială)

Pero eso fue solo el comienzo. El equipo luego le añadió el suelo, una cocina, electricidad, plomería y calefacción. Y su trabajo no quedó limitado a la estructura. El área adyacente fue limpiada de escombros y basura de la gente que usaba ese sitio como tiradero.

Limpiaron y escombraron el área donde el contenedor estaría situado. Tuvieron que remover algunos restos de troncos de árboles y cavar algunos hoyos en el suelo para montar una cerca.

El Sr. Negrila quedó embargado de felicidad por toda aquella benevolencia. Sin tener conexión personal alguna con cualquiera de los voluntarios que generosamente donaron su tiempo y esfuerzo, no podía sentirse más que extremadamente afortunado.

Como hombre de pocas palabras, expresó su gratitud al hablar con uno de los voluntarios en el sitio.

“Estoy contento de que hayan venido”, dijo el Sr. Negrila sonriendo

(Facebook/Laurențiu Croială)

Al terminar de limpiar y acondicionar el contenedor y escombrar completamente el terreno, llegó el momento de transportar el contenedor al lugar donde quedaría fijo. Esto requirió el uso de maquinaria pesada y un equipo de personas trabajando al unísono. Una gran grúa colocó en su lugar la nueva casa de color blanco brillante con todo y la puerta y sus ventanas.

“Cuando entró por primera vez a la casa, puso sus manos en el calefactor y empezó a llorar”, relató un voluntario en un video.

El anciano dijo que no había sentido calor en un largo tiempo y que no podía creer toda esa generosidad hacia él. Aquellos que se acercaron a estrecharle la mano notaron también un cambio en su actitud.

“Es mucho más sociable. Habla con todos. Sonríe”, dijo un voluntario  que notó un cambio en el ánimo del anciano

(Facebook/ Laurențiu Croială)

Desde que está en su nueva casa, el Sr. Negrila ya no tiene las mismas preocupaciones que solía tener. Con una cerradura en la puerta, acceso a agua limpia y un lugar para guarecerse del intenso frío, cuenta con menos estrés en su vida.

Los voluntarios que le ayudaron, regresaron a visitarlo meses más tarde. Dijeron que se encontraba de buen humor y mantenía limpia su casa. Incluso los invitó a comer, expresándoles su gratitud por todo lo que habían hecho.

“Que Dios les depare buena fortuna”, dijo el Sr. Negrila. “Cuando era joven y tenía dinero, cuando la gente necesitaba ayuda, yo les ayudaba, así como hay buena gente que me ayuda ahora”.

Mira la inspiradora historia en los siguientes videos en su nueva casa y nueva cerca:

 

 

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